¿Cómo sé qué decisión tomar? ¿Cómo sé si quedarme en un lugar o irme? ¿Cómo sé que estoy moviéndome desde el amor y no desde el miedo?

Yo cambiaría la pregunta a:

¿Qué es lo que te mantiene dónde estás? ¿la deuda o el amor?

Esta es una pregunta que casi nadie se atreve a hacerse con la suficiente honestidad y sin embargo es una pregunta que literalmente determina la calidad de toda tu vida, las mesas y en los contextos en los cuales estás y te sentas, las relaciones que sostenes, los proyectos que no soltas, los vínculos que arrastras.

La pregunta al final es esta, ¿qué te mantiene ahí? ¿la deuda o el amor?

Porque son dos energías completamente distintas que pueden mantenerte en el mismo lugar y que por fuera parecen iguales pero por dentro son literalmente opuesta.

La deuda te mantiene en un lugar siempre por miedo. Por miedo a perder lo que tenes, por miedo a incomodar, por miedo a no lograrlo, por miedo a que piensen mal de vos, por miedo a quedarte solo, por miedo a sentirte culpable si te vas, por miedo a que sin vos el otro no pueda.

La deuda siempre se disfraza de lealtad cuando en realidad es una obligación que proviene de la forzarte a permanecer ahí. Es igual a que una persona se queda en un contexto, no porque quiera, sino porque irse le aterra, irse es igual a que se caiga aquello que considera familiar.

Recordá que todo lo que se sostiene desde el miedo tarde o temprano se acaba pudriendo por dentro.

Por eso siempre digo que el amor, la energía del amor te mantiene en los lugares por elección, por identidad: “yo estoy aca, me quedo aca, sostengo esto y expando esto porque esto es lo que soy, esta es mi elección consciente”. Te quedas porque genuinamente queres estar ahí, porque esa relación, ese proyecto, esa mesa sigue siendo una expresión de quién sos.

Entonces no te quedas para evitar algo, te quedas para honrar algo: Esa es la diferencia que lo cambia todo. Por eso tenes que prestarle mucha atención a en qué contextos o en qué mesas te estás sentando o introduciendo que ya no te representan, porque muchas veces nos quedamos en mesas que ya no tienen que ver con nuestra frecuencia (ejemplo relaciones que superamos, trabajos que nos quedaron pequeños, grupos donde nos hacemos menos para poder caber, sociedades que ya no honran quienes somos o empresas o conversaciones donde tenemos que apagarnos para no incomodar) y ¿por qué nos quedamos? Generalmente por miedo a perder, por miedo a no incomodar, por no parecer desagradecidos, por esa culpa que nos susurra que irnos sería egoísta, que quedarnos es lo correcto, que aguantar es una forma de nobleza.

Aca es donde necesito ser muy muy clara. Porque de hecho para mí es una de las mentiras más grandes que se encuentran en el mundo de la espiritualidad: no es espiritual, o no es de ser humilde que te minimices. No hay nada elevado en apagar tu luz para que otros no se sientan incómodos con su oscuridad, no hay virtud en hacerte chiquito para poder entrar en espacios que ya superaste, no hay nobleza en traicionarte a vos mismo o a vos misma por miedo al conflicto. Eso no es humildad, no es nobleza, no es lealtad: es miedo con un intento de buena reputación, es el ego escondido detrás de la máscara de “soy buena persona”

La vida no te pide que te hagas pequeño o pequeña, te pide que crezcas tanto que tu sola presencia sea una invitación para que otros también se transformen y se pongan de pie. El que se minimiza no ayuda a nadie, sólo confirma la creencia de que brillar es peligroso.

Por eso ahora esta es la clave que quiero entregarte y es la que te permite saber con certeza desde dónde estás sosteniendo cada vínculo o situación de tu vida y es:

Si lo que te mantiene es la deuda, en realidad es que no sos libre, porque la deuda es igual a colocar la fuente de la felicidad en el mundo externo. Si te quedas en un lugar intentado cambiarlos para que sean como vos crees que es lo mejor, eso no es amor, es deuda, es manipulación.

Pero si lo que te mantiene es el amor, la expresión natural de quién sos, entonces tenes dos caminos y ambos son libres: si estás moviéndote por la vida expresando quién sos, entonces te vas a dar cuenta de que podes elegir dar sin necesitar que el otro cambie, eso es aceptar, y eso es el amor maduro, es como que amas a la persona, amas al proyecto, amas a las personas de esa mesa tal cual y como son sin condicionar tu permanencia a que se transformen en lo que vos queres, es un dar desde la abundancia, no desde la expectativa y eso es libertad.

Pero también desde el amor por ejemplo podrías elegir cerrar un ciclo sin sentirte culpable por ello y esto también es amor aunque sea doloroso. A veces el acto más amoroso hacia uno mismo y hacia el otro es reconocer que ese ciclo ya cumplió su función y que quedarse sería traicionar a ambos, por eso para mí cerrar con gratitud y no con rencor, o el hecho de irse con amabilidad y con honor y no con culpa es una de las mayores expresiones de libertad porque activa por completo tu responsabilidad.

Aca podemos ver la diferencia: la deuda siempre te deja una sola opción y es quedarte aguantando o destruir desde la rabia, el enojo.  Pero amor siempre te deja la opción de quedarte expresando quién sos o irte cerrando el ciclo en paz.

Por eso quiero que te hagas estas preguntas con completa honestidad sobre cualquier contexto en el que hoy en día estés permaneciendo ¿me quedo porque este vínculo (laboral, amoroso, amistad, etc) me expande o porque me da pánico el vacío de soltarlo? El primero te hace crecer, el segundo te va a mantener siempre pequeño.

¿Estoy siendo yo mismo y expresando lo que soy o me estoy apagando para que esto siga funcionando? Porque si te apagas, esa mesa ya no es la tuya, es una jaula bien decorada, pero no es el lugar en el que tu alma necesita para expandirse.


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